APRENDER A ORAR
"El fin definitivo de la catequesis es poner a uno sólo en contacto sino en comunión, en intimidad, con Jesucristo"
(Directorio General para la catequesis 1997,nº 80)
Pero eso, a veces, lo tenemos olvidado y lo que nos pasa, como ya dijimos en otra ocasión, es que la catequesis se parece al colegio casi como un huevo a otro huevo. Y es necesario romper con ello para hacer de la catequesis una escuela, un "taller" de experiencia y vida cristiana.
Y para ello es necesaria la oración. Es necesario enseñar a orar a los niños, y es necesario que los mayores aprendamos también a orar. Y yo diría que primero nosotros. Por varias razones, y la primera de ellas porque "no tenemos tiempo" para orar y, además, nos parece que es un tiempo "perdido" Porque, ¿qué "hacemos" cuando rezamos? Nada… Y, para no hacer nada, mejor es hacer lo que tenemos que hacer (leer la prensa, terminar un trabajo, contestar a los "e-mails" planchar, hacer la casa o la comida, bajar a la tienda, preparar el desayuno, echar una mano a la pequeña y su tarea…)¿Orar?
Por eso digo que lo primero es que los padres, los abuelos, etc., -los adultos- hayamos descubierto el valor de la oración y hayamos intentado hacer esa experiencia. Porque "orar" no es lo mismo que "rezar" por hacer alguna distinción.
Cuando digo "rezar" estoy entendiendo sólo decir oraciones -escritas o aprendidas de memoria- dirigidas a Jesús, a Dios Padre a María, a algún santo… Así enseñamos poquito a poco a los niños: desde el "Jesusito de mi vida" hasta el "Ave María" y el "Padre Nuestro" en un proceso de aprendizaje: desde el "biberón" oracional hasta el "chuletón" de la contemplación.
Orar es algo diferente, aunque no tiene por qué ser "mejor" Es simplemente "mas" Es pasar del rezo a la conversación. Hablar con Dios (o la Virgen o Jesús, etc.) Pero hablar. Y hablar con palabras sencillas. Es un segundo paso, que generalmente se transforma en "petición": pedimos a Dios que… ( cada uno sabe lo que pide, aunque luego venga el "chasco" de que "no nos lo ha concedido"…)
Y hay un tercer paso: orar sin pedir. ¿Cómo es eso? Pues algo que nos decía ya Juan Pablo II en su última carta: una oración "donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también de acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el arrebato del corazón" ( El nuevo milenio, nº 33)
Para poder hacer eso, se necesita silencio. Y de eso, realmente tenemos poco. Por eso, a lo mejor, un modo de empezar a educar y a educarnos en la oración, es educarnos en el silencio (en casa, por ejemplo) y en la serenidad, que son caminos para la interioridad y que, por otra parte, no significa que en casa tengamos que estar callados … ¿Entonces, qué?
Pues de eso, ya seguiremos hablando.
(José Luis Saborido. Sj)