NO ANTEPONER NADA AL AMOR DE CRISTO

 
 

SOR ANA

SOR ANA

1.-  ¿Cuándo y cómo sientes la llamada del Señor?

Desde muy joven, cerca de los 15 años sentí en mi corazón la llamada de Dios, y esto nació en un primer momento, queriendo plasmar en mí el modo de vida y servicio de las monjas con las cuales compartía en esa etapa de mi vida. Yo siempre he sido muy activa, alegre, espontánea y al compartir esta idea con mi familia, se sorprendieron, ya que no se imaginaban cómo una joven con mi carácter podría ser monja, pero el sentimiento de querer servir al Señor llegó a vencer todo.

2.- ¿Cómo aparece el Cister en tu vida?

Conocí el Cister gracias a Sor María, hemos sido amigas inseparables desde el colegio y la parroquia. Ella tomó la decisión de seguir al Señor y cuando se encontraba en este monasterio aún seguimos contactándonos por carta, me contaba lo especial de esta vida cisterciense y su carisma; sin pensarlo dos veces y contagiada de ese ánimo, desde la oración, me encomendé al Señor decidiendo seguirle en el Cister.

3.- ¿Qué tiempo llevas en el monasterio?

Soy monja profesa y llevo 11 años en este monasterio de la Asunción sirviendo al Señor con mucha alegría, hago mía la frase del  salmo  99, "Servid al Señor con alegría". A través de mi carácter alegre intento transmitir los valores del Señor: paz, amor y servicio.

4.- ¿Qué destacarías del carisma cisterciense?

"Ora et labora" es la frase que expresa nuestra regla, es nuestro día a día, simplifica nuestra razón de ser para el Señor, de esto destaco mucho la oración viviéndola desde el silencio interior, el Señor y yo, solos en el desierto cantando las alabanzas a su nombre, pero también con una gran devoción a la Virgen María que es nuestra patrona y nos lleva de la mano hacia el Señor.

5.- ¿Qué aptitudes debe tener una joven para la vida contemplativa?

Una vida contemplativa implica entregarse por completo al Señor, si la joven siente la llamada sólo debe ser sincera en sus sentimientos con los demás, con ella misma y con el Señor, armándose de paciencia, sencillez y siguiendo con fervor el camino que le irá mostrando el Espíritu Santo.

6.- ¿Qué "miedos" tenias antes de entrar al monasterio?

Yo nunca pensé viajar a España, esto hizo que mi temor creciera, pensaba  que no llegaría a adaptarme en ese nuevo mundo donde la cultura  y especialmente el idioma eran tan distintos al de mi país, pero la oración y la ayuda del Señor hizo que superara todos los obstáculos.

7.- ¿Qué valoras más de la vida de comunidad?

La vida de unión con el Señor. Esto facilita la vida de unión fraterna con la comunidad, esa vida en sintonía con las hermanas es muy importante, porque logra vencer todo inconveniente y se podrá así vivir en la paz que el Señor desea. Formamos un solo cuerpo y en oración seremos inseparables.

8.- ¿Qué personaje de la historia del Cister llama más tu atención?

Tengo mucha devoción por San Benito y San Bernardo. San Benito fue un hombre con mucha gracia divina, tanto que pudo plasmar en su regla una perfecta vida monástica para que los monjes vivan la oración, el trabajo y la vida fraterna, siempre en la presencia del Señor. De San Bernardo admiro el gran amor que le tenía a la Virgen, era más que una devoción, era una unión inexplicable que sólo un corazón como el de él podía lograr, con eso nos enseña que podemos confiar fielmente en nuestra Madre María para que dirija nuestra vida hacia el Señor.

9.-  Cual ha sido personalmente el momento más importante desde que estás en el Císter?

El momento más importante ha sido el día de mi profesión solemne, lo sentí como mi nuevo bautismo. Me ofrecí al Señor para servirle hasta cuando El lo desee y continuando en el cielo, pero aún así renuevo cada día en mi corazón estos votos.

10.- Por último, ¿qué le dirías a esas jóvenes que leerán tu testimonio y a pesar de tener inquietud vocacional no se lanzan a la aventura de entregarse al Señor en la vida contemplativa?

El Señor te dice "No tengas miedo porque yo estoy contigo, yo te fortalezco y te ayudo…no temas". Cambia tus temores por confianza, invoca a la Virgen María y confía en la voluntad de Dios porque en el amor no hay lugar para el temor. Repite con el salmo 17:  "Yo te amo Señor, tu eres mi fortaleza".

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